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La indigencia consume a los adultos mayores de Tabasco

Entre el rechazo social, la ruptura familiar y el estigma del consumo de sustancias, más de medio millar de personas sobreviven en las calles del estado; el envejecimiento en la desamparo expone la urgente necesidad de infraestructura de asistencia pública

Municipios | 08/09/2026| 15:12

En las banquetas de la Zona Luz, bajo los techos del Mercado Pino Suárez o a la sombra de los árboles en el Parque de Tamulté, la indigencia ha dejado de ser un hecho aislado para convertirse en una herida abierta en el paisaje urbano de Tabasco.

Hombres y mujeres de distintas edades sobreviven a diario del desdén cotidiano y la caridad ocasional, atrapados en una dinámica donde el asfalto es cama y la incertidumbre es la única constante.

La indigencia no ocurre por azar; es el resultado del colapso de las redes de apoyo social y económico.
Entre los principales factores que expulsan a las personas a la vía pública destacan la extrema pobreza, los conflictos severos de violencia intrafamiliar, el desempleo prolongado y la migración no resuelta.

La falta de vivienda asequible y la ausencia de programas institucionales de prevención provocan que un choque emocional o una crisis financiera sea el detonante para que un ciudadano pierda su hogar de la noche a la mañana.

Dentro del universo de la calle, los adultos mayores representan el sector de mayor vulnerabilidad. Privados de pensiones suficientes o sin redes de apoyo familiar por abandono deliberado, decenas de ancianos se ven incapacitados para incorporarse al mercado laboral formal o informal.

Para un adulto mayor, la vida en la calle acelera el deterioro físico y cognitivo; ya que enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión o problemas de movilidad quedan sin tratamiento médico, transformando pequeños padecimientos en emergencias mortales.

A esto se suma el maltrato y la desorientación mental, condiciones que terminan por aislarlos por completo en una sociedad que envejece a ritmo acelerado.

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En ese sentido, la relación entre el desamparo y el abuso de sustancias en Tabasco opera como un círculo vicioso. Si bien en algunos casos el consumo severo de alcohol o drogas fue el motivo del quiebre familiar y laboral que condujo a la calle, para muchos otros el consumo surge después de quedar en el desamparo.

En la intemperie, las sustancias químicas y el alcohol barato se convierten en un mecanismo de evasión física y psicológica frente a la depresión, el frío, el hambre y la violencia nocturna.

Sin embargo, este refugio temporal profundiza el estigma social: la ciudadanía suele criminalizar a la persona en situación de calle como “peligrosa” o “adicta”, invisibilizando la crisis de salud mental y la falta de centros estatales de rehabilitación gratuita y reintegración social.

Felipe Rosales Pérez

Felipe Rosales Pérez/ Reportero con más de 20 años en el periodismo, cubre la fuente política, dependencias estatales y delegaciones federales

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