Isla Tamalcab, el tesoro escondido del Caribe mexicano en el sur de Quintana Roo
Entre vestigios mayas, manglares y aguas cristalinas, este rincón de la bahía de Chetumal ofrece una experiencia diferente para los amantes de la naturaleza y la historia

Lejos de los destinos turísticos más concurridos de Quintana Roo, Isla Tamalcab resguarda una combinación única de patrimonio arqueológico, biodiversidad y paisajes naturales. Ubicada en la bahía de Chetumal, esta pequeña isla permite descubrir vestigios de la cultura maya, disfrutar de actividades ecoturísticas y explorar uno de los ecosistemas más importantes del Caribe mexicano.
Isla Tamalcab posee una historia que se remonta a más de mil años. Durante la época prehispánica, formó parte de las rutas marítimas utilizadas por los antiguos mayas para el comercio y la comunicación entre diversos asentamientos de la península de Yucatán.
Gracias a su ubicación estratégica dentro de la bahía de Chetumal, la isla funcionó como un punto clave para el intercambio de mercancías y la vigilancia de las rutas costeras.
En la actualidad, entre la vegetación tropical aún permanecen diversas estructuras arqueológicas que incluyen plataformas, basamentos y restos de edificaciones atribuidas al periodo Posclásico Maya, comprendido entre los años 900 y 1500 d.C.
Vestigios arqueológicos rodeados de naturaleza
A diferencia de otras zonas arqueológicas restauradas y abiertas al turismo masivo, los vestigios de Tamalcab conservan un entorno prácticamente intacto.
La selva, los manglares y las antiguas construcciones crean un paisaje donde la naturaleza y la historia se mezclan, ofreciendo una experiencia distinta para quienes buscan conocer el patrimonio cultural de Quintana Roo desde una perspectiva más auténtica.
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Actividades para disfrutar en Isla Tamalcab
La isla ofrece diversas opciones para los visitantes interesados en el ecoturismo y la aventura.
Recorridos arqueológicos
Explorar los vestigios mayas permite conocer una parte poco difundida de la historia regional mientras se recorren senderos rodeados de vegetación tropical.
Paseos por la bahía de Chetumal
Los recorridos en lancha brindan vistas privilegiadas de los manglares, las costas y los ecosistemas que caracterizan esta zona del Caribe mexicano.
Kayak, paddle board y esnórquel
Las aguas tranquilas y poco profundas de la bahía favorecen la práctica de actividades acuáticas recreativas aptas para visitantes con distintos niveles de experiencia.
Refugio de fauna silvestre y especies marinas
Isla Tamalcab destaca por su riqueza ambiental. Los manglares funcionan como áreas de reproducción para diversas especies acuáticas y refugio para aves migratorias y residentes.
Durante las visitas es posible observar manatíes, mantarrayas, peces de gran tamaño y aves como garzas, pelícanos, fragatas y águilas pescadoras.
En determinadas temporadas también pueden registrarse avistamientos de delfines en la bahía, lo que añade un atractivo especial a la experiencia.
Cómo llegar a Isla Tamalcab
El acceso principal se realiza desde la comunidad de Calderitas, ubicada a aproximadamente 10 kilómetros de la ciudad de Chetumal.
Desde el muelle de esta localidad parten embarcaciones privadas y recorridos turísticos que trasladan a los visitantes hacia la isla.
El trayecto desde Chetumal hasta Calderitas puede realizarse en automóvil o taxi en alrededor de 15 minutos.
Calderitas, punto de partida para la aventura
Antes o después de visitar Tamalcab, Calderitas ofrece una amplia variedad de atractivos para los visitantes.
Su malecón renovado permite disfrutar de vistas panorámicas de la bahía de Chetumal, áreas recreativas, restaurantes y espectaculares atardeceres.
Además, en la zona se pueden realizar actividades acuáticas como kayak, paddle board y recorridos en embarcaciones eléctricas diseñadas para minimizar el impacto ambiental sobre la fauna local.
Isla Tamalcab representa una alternativa para quienes desean explorar un lado diferente del Caribe mexicano. Su combinación de historia maya, biodiversidad y tranquilidad la convierten en un destino ideal para viajeros interesados en la naturaleza, la cultura y el turismo sostenible.
Este rincón del sur de Quintana Roo demuestra que aún existen espacios poco conocidos donde es posible conectar con el patrimonio histórico y los ecosistemas que distinguen a la región.




