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Hay equipos que nunca dejan de ser guerreros

EL MOMENTO RUDO - Juan Pablo Rivera

Opinión | 25/10/2026| 21:21

Hay equipos que ganan partidos.

Y hay equipos que, cuando vuelven a ganar, consiguen que toda una ciudad vuelva a creer.

Lo que está pasando con Santos Laguna es de esas historias que nos recuerdan por qué seguimos viendo fútbol, incluso cuando nuestro equipo parece empeñado en hacernos sufrir.

Porque hubo días en los que ser santista significaba aguantar.

Aguantar las derrotas.

Aguantar las malas tardes.

Aguantar esa sensación de que, por más que uno quisiera encontrar una señal, el equipo no terminaba de levantar la cabeza.

Santos comenzó el torneo con un panorama que invitaba a la preocupación. Los puntos no llegaban, las derrotas se acumulaban y la ilusión parecía quedarse en el fondo de la tabla.

Y entonces algo cambió.

De pronto, aquel equipo que parecía no encontrar respuestas comenzó a encontrarlas en la cancha. Volvió a competir. Volvió a remontar. Volvió a ganar partidos que antes parecían demasiado complicados.

Y hoy Santos no solamente gana.

Vuelve a ilusionar.

Lo interesante es que no estamos hablando de un club cualquiera.

Santos Laguna tiene una historia que pesa. Una camiseta que representa a una región entera y una afición que aprendió a celebrar campeonatos, pero también a levantarse después de las decepciones.

Por Torreón han pasado futbolistas que dejaron huella. Jared Borgetti, Rodrigo Ruiz, Oswaldo Sánchez, Christian Benítez, Oribe Peralta.

Nombres que forman parte de la memoria de un equipo que conquistó títulos y que construyó una identidad alrededor de una palabra: Guerreros.

Y ser guerrero no significa ganar siempre.

Significa que, cuando las cosas salen mal, todavía existe una razón para volver a intentarlo.

Quizá por eso esta reacción tiene un sabor especial.

Porque no nació de la comodidad. Nació de la necesidad.

Después de tocar fondo, Santos empezó a encontrar el camino. Las victorias consecutivas cambiaron el ánimo, la confianza y hasta la manera de mirar lo que viene. El equipo que parecía condenado a sufrir ahora se permite pensar en la posibilidad de pelear por algo más.

Y qué importante es eso en el fútbol.

La confianza no aparece por decreto.

Se construye.

Un gol te devuelve un poco de esperanza. Una victoria te hace creer que la siguiente también es posible. Y cuando empiezas a ganar, hasta los partidos que antes parecían imposibles comienzan a verse diferentes.

No quiere decir que todo esté resuelto.

El fútbol tiene una memoria muy corta. Hoy te abraza y mañana vuelve a exigirte. Una buena racha no borra los errores ni garantiza que el futuro será distinto.

Pero sí demuestra que las cosas pueden cambiar.

Y Santos está demostrando que puede cambiar.

Ahora falta saber hasta dónde le alcanza.

Porque una cosa es recuperar el orgullo y otra convertirlo en una historia que termine con una copa en las manos. Para eso todavía hay camino, rivales y noches difíciles.

Pero la ilusión ya regresó.

Y eso no es poca cosa.

Hay aficionados que nunca dejaron de creer. Que siguieron mirando los partidos, defendiendo los colores y esperando que algún día volviera ese Santos capaz de competirle a cualquiera.

Quizá hoy estén sonriendo de otra manera.

Quizá vuelvan a hacer cuentas.

Quizá ya estén imaginando lo que podría pasar si el equipo mantiene este paso.

Eso también forma parte del fútbol: la capacidad de convertir una mala temporada en una historia que todavía puede sorprendernos.

Porque los títulos se celebran, los goles se recuerdan y las figuras se convierten en leyendas.

Pero hay algo que también merece un lugar en la memoria.

El momento en que un equipo parecía perdido y encontró fuerzas para volver.

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Santos Laguna tiene historia.

Tiene recuerdos.

Tiene una afición que sabe lo que significa ganar.

Y ahora vuelve a tener algo que parecía extraviado entre tantas derrotas: el anhelo de ganar otra vez.

Porque los Guerreros no necesitan que les recuerden cómo se gana. A veces solo necesitan volver a creer que todavía pueden hacerlo.

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