Opinión

Un futuro incierto

Aguas Internacionales por José Miguel Martínez

Opinión | 19/10/2026| 21:47

“¿Cómo es posible que los franceses le hagan eso a Francia?”. Con dicha frase abrió Emmanuel Macron su discurso a la nación el pasado domingo. El mandatario se veía desencajado y bastante molesto, no solo en el tono de voz, sino también en su semblante. Y no es para menos que se haga esa pregunta, después de que el sábado se registraran más de 2,000 detenidos y 600 policías heridos, el ayuntamiento de Limoges y la oficina de Turismo de Lyon quemados, sin contar los múltiples comercios saqueados.

Un día de terror vivió Francia el pasado sábado 17 de octubre. Los estudiantes franceses encabezaron este movimiento que lleva un mes en las calles con demandas muy claras: quieren maestros suplentes -porque si un profesor falta, pueden pasar meses sin que los alumnos tengan clases de nuevo-, grupos de menos de 35 estudiantes por aula, edificios escolares que no se caigan a pedazos y la abolición del portal Parcoursup.

Aunado a estas peticiones, se sumó el descontento por los altos precios de la gasolina y el gas doméstico, impulsados por el conflicto en Irán. Debido a esto, a la protesta estudiantil se unieron padres de familia, maestros, campesinos, sindicatos y uno que otro partido de izquierda.

¿Si las peticiones de los estudiantes son razonables, por qué el Gobierno no ha hecho nada? La respuesta es mucho más compleja de lo que parece. Francia arrastra un déficit presupuestario desde hace años; de hecho, para contrarrestarlo, Macron tuvo que subir la edad de jubilación de 62 a 64 años y exigir 43 años de cotización para poder acceder a este derecho. Por otro lado, ¿qué relación tiene esto con los estudiantes?

Mientras el Parlamento francés debate la aprobación del presupuesto para 2027 -cargado de austeridad gubernamental y una posible subida de impuestos para mantener el déficit por debajo del 5%-, los estudiantes exigen que se invierta más en educación a un gobierno que asegura no poder gastar ni un euro más. Por otro lado, se exige bajar los precios de los combustibles a una administración que tampoco puede darse el lujo de subsidiarlos.

Macron y el Gobierno francés se encuentran entre la espada y la pared: no pueden ceder ante las peticiones porque los recursos escasean, mientras batallan para evitar que las protestas se les salgan aún más de las manos.

Por supuesto, siempre hay quienes buscan sacar tajada política del problema. Marine Le Pen -quien ha sido candidata a la presidencia de Francia en tres ocasiones y llegó a la segunda vuelta en dos de ellas, ambas frente a Macron- ha declarado que, de llegar al poder, resolverá el problema de raíz. Le Pen, conocida por sus posturas antiinmigración, nacionalistas y de marcado corte populista, lidera actualmente el partido de extrema derecha Agrupación Nacional.

A tan solo seis meses de las elecciones presidenciales en Francia, el escenario apunta a un nuevo pulso entre Macron y Le Pen. Mientras son peras o son manzanas, los jóvenes enfrentan un futuro incierto, un sistema educativo desbordado, facturas de gas y gasolina cada vez más altas, un sistema de pensiones inalcanzable y una Francia a la que, simple y sencillamente, ya no le alcanza.

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