
Columna por Jorge Sanén, Diputado de la Transformación
Cancún es una ciudad joven, pero con una identidad que se construye todos los días. A diferencia de otras regiones con siglos de historia urbana, aquí la tradición no es algo heredado de una sola línea, sino el resultado de la suma de muchas historias que convergen en un mismo territorio.
Esa es, precisamente, su mayor fortaleza. Cancún no solo es un destino turístico, es un punto de encuentro cultural donde las raíces del pueblo maya conviven con las tradiciones de quienes han llegado de distintas partes del país y del mundo. En esa diversidad se construye lo que hoy entendemos como identidad cancunense.
Hablar de raíces en Cancún es reconocer que nuestras tradiciones no están ancladas únicamente al pasado, sino que se recrean constantemente en la vida cotidiana: en la comida, en las celebraciones, en las costumbres familiares y en la forma en que nos relacionamos como comunidad.
Sin embargo, el crecimiento acelerado de la ciudad también plantea un reto importante: cómo fortalecer esas raíces en medio de una dinámica social cambiante. Cuando una ciudad crece rápido, corre el riesgo de perder el sentido de pertenencia si no se construyen espacios que fomenten la identidad colectiva.
Por eso, fortalecer las tradiciones no es solo una tarea cultural, es una estrategia social. Una comunidad que reconoce sus raíces es una comunidad más unida, más participativa y con mayor capacidad de enfrentar sus desafíos.
La Cuarta Transformación ha planteado que el desarrollo debe ser integral. No basta con crecer económicamente, es necesario fortalecer el tejido social, la cultura y la identidad. Porque el bienestar también se construye desde lo que nos une como sociedad.
Desde el ámbito público, esto implica impulsar políticas que promuevan la cultura, que apoyen a artistas y creadores, que rescaten espacios comunitarios y que permitan a las nuevas generaciones conocer y valorar sus raíces.
Cancún tiene la oportunidad de consolidar una identidad que no niegue su diversidad, sino que la abrace. Que entienda que su riqueza cultural está en la mezcla, en la convivencia y en la construcción colectiva de tradiciones.
Ser cancunense no depende de dónde nacimos, sino de cómo participamos en la vida de la ciudad, de cómo cuidamos nuestro entorno y de cómo contribuimos al bienestar común.
El reto es claro: fortalecer lo que nos une sin perder lo que nos hace únicos.
Porque en una ciudad como Cancún, las raíces no solo vienen del pasado…
también se construyen todos los días.




