Música, asombro y fiesta a orillas del Usumacinta
En el marco de su 55 aniversario y como parte de la Gira Tren Maya, más de 50 músicos liderados por el maestro Rodrigo Macías acercaron el universo filarmónico a cientos de familias en Tenosique.

El murmullo majestuoso del río Usumacinta encontró una respuesta inolvidable entre las paredes y andenes de la estación Boca del Cerro; ya que, entre el brillo de los metales y el cálido roce de los arcos sobre las cuerdas, la Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) convirtió la tranquila parada ferroviaria de Tenosique en un escenario palpitante de vida y color.
Las sonrisas desbordadas de decenas de niñas, niños y familias tabasqueñas pintaron una estampa festiva donde la expectativa del tren cedió su lugar al encanto sublime de la música en directo.
Bajo la batuta dinámica y cercana del maestro Rodrigo Macías, la agrupación ofreció un recital didáctico que combinó la maestría técnica con una calidez entrañable.
El recorrido musical deslumbró a los asistentes al integrar en su repertorio la emotiva pieza La reina roja, de Luis Portillo; la virtuosa ejecución de Aires argentinos, de Pablo de Sarasate —que lució de manera deslumbrante con el solo de la violinista Nana Babayeva—, y las notas vibrantes e identitarias del inmortal Huapango, de José Pablo Moncayo, cuyas frases retumbaron en el pecho de todos los presentes.
Más allá del deleite sonoro, el concierto se transformó en una experiencia pedagógica viva e interactiva donde el público descubrió los secretos guardados tras los telones de la alta cultura.
Entre pausas explicativas y demostraciones cercanas, los pequeños asistentes aprendieron a distinguir el timbre particular de cada familia de instrumentos y comprendieron el engranaje colectivo, disciplinado y armonioso que permite a más de 50 ejecutantes actuar como un solo corazón palpitante sobre el escenario.
Esta emotiva parada en tierras tabasqueñas forma parte de la histórica Gira Tren Maya, una travesía que del 18 al 25 de octubre recorre cinco estados del sureste mexicano para conmemorar los 55 años de trayectoria de la OSEM.
Con el impulso de las instituciones culturales para descentralizar las artes, la travesía demuestra que la música de concierto no pertenece a los recintos cerrados ni es un privilegio de pocos, sino un derecho vivo capaz de echar raíces en cualquier rincón del país.




