Cocodrilos moreletii: los reyes de la laguna
Expertos aclaran que no existe una sobrepoblación de cocodrilos en la Laguna de las Ilusiones; los avistamientos se deben a la reducción del hábitat y la imprudencia humana.

Las investigaciones lideradas por el profesor-investigador Marco Antonio López Luna han arrojado luz sobre la verdadera situación de los reptiles en la Laguna de las Ilusiones, revelando una población dinámica que oscila entre los 350 y los 600 ejemplares, dependiendo de la época del año y del nacimiento de nuevas crías.
Estos animales pertenecen exclusivamente a la especie Crocodylus moreletii, comúnmente conocida como cocodrilo de pantano o lagarto negro, una fauna protegida por las leyes federales que llega a registrar tallas de diversas magnitudes, encontrándose desde frágiles recién nacidos hasta imponentes adultos que superan los 3 metros de longitud.
En entrevista exclusiva con Diario El Momento, el profesor dijo que, a pesar de los mitos urbanos sobre una presunta sobrepoblación descontrolada en el acuífero, el especialista aclaró las causas del avistamiento constante de estos depredadores en las zonas urbanizadas circundantes.
“Actualmente, las nuevas crías se han desplazado fuera de dicha laguna”, puntualizó López Luna, señalando directamente al relleno antropogénico de casi el 60 % de este importante humedal lacustre como el principal detonante de la dispersión territorial de la especie.
Lejos de ser considerados monstruos sanguinarios o una amenaza activa e intolerable para la sociedad de Villahermosa, los estudios científicos demuestran que los ataques registrados en los últimos años no responden a conductas de cacería dirigidas hacia los seres humanos, sino a factores estrictamente territoriales y de preservación biológica.

Las interacciones físicas desafortunadas ocurren casi en su totalidad debido a la imprudencia de transeúntes que invaden el perímetro de los reptiles, o bien de personas en situación de calle que ingresan de manera deliberada a las aguas para bañarse o pescar.
“A pesar de que sí ha habido interacciones en la Laguna de las Ilusiones con personas, no ha sido por una cuestión de alimentación; no es porque un cocodrilo tenga hambre, sino más bien porque está protegiendo a su nido o a sus crías”.
Cabe hacer mención de que el análisis biológico ratifica que estos animales son sumamente tolerantes a la contaminación urbana de zonas críticas como el vaso Cencali, manteniendo una alimentación regular a base de peces e insectos que el mismo entorno les provee de forma habitual.
Ante la estrecha vecindad entre la mancha urbana y este ecosistema tropical, las autoridades ambientales y los investigadores universitarios insisten en que la coexistencia pacífica depende del respeto absoluto a los espacios del reptil.
Es importante destacar —según los especialistas— que, en caso de tener contacto visual directo o un encuentro cercano con un ejemplar a orillas de la laguna, la regla fundamental de seguridad es mantener una distancia prudente, evitar por completo cualquier intento de interactuar con el animal y abstenerse rigurosamente de capturar fotografías tipo selfie o alimentarlo, ya que esto altera su comportamiento silvestre y eleva el riesgo de una respuesta defensiva.
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Asimismo, señalan que el Crocodylus moreletii es un superdepredador capaz de camuflarse hábilmente junto a calles transitadas y zonas hoteleras; por ende, si un ejemplar se encuentra fuera de su hábitat natural o bloqueando una vía pública, la población jamás debe intentar ahuyentarlo o agredirlo con objetos, sino reportar el avistamiento de forma inmediata a las líneas de emergencia de Protección Civil o a la Semarnat para que personal calificado realice una contención segura.
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