El maestro que me dejaba copiar en los exámenes

Mario Elsner
Hace unos días estaba cenando con unos amigos y, como seguramente está pasando en miles de mesas alrededor del mundo, la conversación terminó inevitablemente hablando de inteligencia artificial.
No tardó mucho en aparecer la primera sentencia.
Alguien comentó que ChatGPT iba a destruir la educación. Otro dijo que los niños ya no tendrían que pensar porque ahora cualquier tarea podía resolverse en segundos. Incluso hubo quien aseguró que dentro de unos años ya no tendría sentido mandar investigaciones porque todo terminaría escrito por una máquina.
Mientras escuchaba la conversación, hubo algo que me hizo sonreír.
No estaba pensando en ChatGPT.
Estaba recordando a uno de los profesores más extraños que tuve en la universidad.
Mientras la mayoría de los maestros prohibían entrar al examen con apuntes o con libros, él hacía exactamente lo contrario. El primer día del curso nos dijo que podíamos llevar cualquier libro, cualquier cuaderno y cualquier material que quisiéramos.
Recuerdo que todos salimos felices del salón. Pensábamos que acabábamos de encontrar al maestro más buena onda de la universidad.
Qué equivocados estábamos.
Su examen era, por mucho, el más difícil de todos.
Podías tener el libro completamente abierto frente a ti y aun así salir reprobado.
Con los años entendí por qué.
El examen nunca consistió en recordar una respuesta.
Consistía en saber cuál era la pregunta correcta.
Porque cuando encontrabas la página donde estaba la información, el verdadero trabajo apenas comenzaba. Había que interpretar, conectar ideas, tomar una decisión y justificarla. Ninguna de esas respuestas aparecía escrita en el libro.
Durante mucho tiempo pensé que aquel profesor simplemente tenía una forma extraña de evaluar.
Hoy creo que, sin saberlo, estaba preparando alumnos para un mundo que todavía no existía.
Mientras en la cena todos discutían si la inteligencia artificial va a cambiar la educación, yo no podía dejar de pensar que quizá estamos teniendo la conversación equivocada.
No estamos entrando en una época donde la información dejó de importar.
Estamos entrando en una época donde la información dejó de ser la ventaja competitiva.
Durante décadas construimos un sistema educativo donde el alumno que más memorizaba era considerado el mejor preparado. Tenía lógica. Conseguir información era difícil, los libros costaban dinero y acceder al conocimiento requería tiempo. Quien sabía más, normalmente tenía más oportunidades.
Hoy cualquier persona puede preguntarle a una inteligencia artificial cómo construir un flujo de caja, resumir un libro de quinientas páginas, escribir código o explicar una fórmula que nunca había visto.
La información dejó de ser escasa.
Y cuando algo deja de ser escaso, deja de ser la principal fuente de valor.
Eso me hace pensar que quizá seguimos educando para un examen que ya no existe.
Todavía premiamos al que recuerda más datos cuando el mercado está empezando a premiar a quien hace mejores preguntas. Seguimos evaluando la memoria cuando el verdadero diferencial empieza a ser el criterio. Seguimos creyendo que el conocimiento da poder cuando cada vez resulta más evidente que el poder está en saber qué hacer con ese conocimiento.
Tal vez por eso me hace tanto sentido hablar de Escuela Jurásica.
No porque la tecnología vaya demasiado rápido.
Sino porque muchas veces nuestras ideas sobre educación siguen caminando a la velocidad del siglo pasado.
Y eso no ocurre únicamente en las escuelas.
También pasa en las empresas.
Seguimos contratando personas por todo lo que saben, cuando después descubrimos que no saben decidir. Seguimos promoviendo al colaborador que mejor domina los procesos, aunque nadie haya observado si es capaz de formar personas o resolver problemas nuevos. Seguimos confundiendo conocimiento con criterio.
Quizá el verdadero riesgo de la inteligencia artificial nunca fue que las máquinas aprendieran a responder.
Quizá el riesgo es que nosotros sigamos enseñando como si memorizar respuestas siguiera siendo suficiente.
Porque el examen cambió.
Y el futuro probablemente pertenecerá a quienes sepan hacer preguntas que todavía no tienen respuesta.
Te acompaño al siguiente nivel de los negocios.




