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Hay futbolistas que pasan por una Selección

EL MOMENTO RUDO - Juan Pablo Rivera

Opinión | 27/09/2026| 21:35

Y hay futbolistas que terminan convirtiéndose en parte de su historia.

Rafael Márquez pertenece a la segunda categoría.

Por eso su debut como entrenador de la Selección Mexicana tiene algo que va mucho más allá de un partido contra Colombia. No es simplemente el estreno de un técnico. Es el comienzo de una etapa para uno de los personajes más importantes que ha tenido el fútbol mexicano. Márquez asumió oficialmente el cargo con la mirada puesta en el Mundial de 2030, después de haber trabajado como auxiliar de Javier Aguirre durante el proceso anterior.

Porque antes de aprender a dirigir un vestidor, Rafa tuvo que aprender a sobrevivir en algunos de los escenarios más complicados del fútbol mundial.

Atlas.

Mónaco.

Barcelona.

La Selección.

Y aquella camiseta verde que terminó convirtiéndose casi en una extensión de su propia personalidad.

Fue capitán.

Fue referente.

Fue el hombre al que muchos mexicanos miraban cuando el partido se complicaba y había que encontrar a alguien que pusiera orden.

Cinco Mundiales.

Una carrera europea extraordinaria.

Títulos en España.

Dos Champions League con Barcelona.

Y una personalidad que nunca necesitó gritar demasiado para hacerse notar.

Ahora cambia algo.

Ya no tiene que defender un balón.

Tiene que defender una idea.

Ya no tiene que leer el movimiento de un delantero.

Tiene que leer a un grupo completo.

Ya no puede resolver una jugada con un pase preciso.

Ahora tendrá que encontrar la manera de que once futbolistas entiendan exactamente lo que él quiere hacer.

Y ahí comienza la parte verdaderamente interesante.

Porque ser una leyenda como jugador no garantiza ser un gran entrenador.

El fútbol no funciona así.

El prestigio abre puertas.

Pero después hay que demostrar.

Y quizá eso sea precisamente lo más bonito de esta historia.

Rafa vuelve a empezar.

Solo que esta vez desde otro lugar.

Su primer partido ante Colombia representa el inicio de un proceso que tendrá como horizonte 2030. Y aunque todavía es demasiado pronto para saber qué clase de entrenador será, sí sabemos algo: entiende perfectamente lo que significa vestir esa camiseta.

Eso no resuelve los partidos.

Pero puede ayudar a comprenderlos.

Porque Márquez conoce la presión de jugar un Mundial.

Conoce lo que significa que millones de personas esperen algo de ti.

Conoce la frustración de quedar eliminado.

Conoce la responsabilidad de ser capitán.

Y ahora tendrá que conseguir que sus jugadores también entiendan todo eso.

Quizá por eso este debut tiene un significado especial.

Estamos viendo a uno de los futbolistas más emblemáticos de nuestra historia intentando convertirse en una de las figuras más importantes de nuestro banquillo.

La historia todavía no está escrita.

Y sería absurdo exigirle resultados definitivos desde el primer día.

Pero hay algo que sí podemos pedirle.

Que conserve aquella personalidad.

Aquella seguridad.

Aquella capacidad para aparecer cuando el partido se ponía difícil.

Porque México ya tuvo al Rafa que defendía.

Ahora quiere conocer al Rafa que dirige.

Y quizá, con el tiempo, descubramos que aquel jugador que durante tantos años llevó el brazalete de capitán no estaba preparando solamente su siguiente partido.

Estaba preparando, sin saberlo, el siguiente capítulo de su historia.

El balón cambió de lugar.

La responsabilidad también.

Pero el escudo sigue siendo el mismo.

Y ahora Rafa Márquez tiene una nueva oportunidad de hacer algo que ya hizo muchas veces como futbolista:

dejar su nombre en la historia de la Selección Mexicana.

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