Opinión

El talento que todavía no invitamos a la mesa

Punto de Encuentro. Por: Eduardo Chaillo.

Opinión | 21/07/2026| 21:24

Durante muchos años pensamos que la profesionalización de la industria de reuniones consistía en formar mejores especialistas en turismo, hotelería, organización de eventos y hospitalidad. Aquella visión fue correcta. Gracias a ella surgieron programas universitarios, certificaciones internacionales, asociaciones profesionales y una generación de personas extraordinariamente preparadas que elevaron el nivel de nuestra actividad.

Sin embargo, tengo la impresión de que estamos llegando a un nuevo punto de inflexión.

Las universidades hicieron exactamente lo que la industria les pidió durante décadas: preparar profesionales para responder a las necesidades del mercado. El desafío es que ese mercado ha evolucionado a una velocidad que difícilmente cualquiera habría imaginado. Hoy el problema ya no es la falta de profesionalización; el reto consiste en ampliar la conversación.

Esa reflexión surgió al escuchar recientemente una serie de conferencias impartidas por personas provenientes de mundos completamente distintos al nuestro. Lo interesante no fue descubrir nuevas técnicas para organizar eventos, negociar hoteles o mejorar un registro de participantes. Lo verdaderamente revelador fue comprobar que algunas de las ideas más poderosas para transformar nuestra industria provenían del entretenimiento, el automovilismo de alto rendimiento, el marketing, la innovación, la inclusión, la seguridad, la responsabilidad social e incluso del deporte. Cada disciplina aportaba una mirada distinta sobre un mismo desafío.

El entretenimiento recordaba que las emociones también pueden diseñarse. Las historias de resiliencia demostraban que el alto desempeño comienza mucho antes del momento decisivo. La innovación dejaba de entenderse como una herramienta tecnológica para convertirse en una actitud frente a los problemas. La inclusión aparecía como un criterio de diseño desde el origen de cualquier experiencia, mientras la seguridad se presentaba como un elemento que genera confianza precisamente cuando pasa inadvertido. Hasta el legado de un gran evento deportivo dejaba claro que el verdadero impacto de una reunión comienza cuando ésta termina.

Entonces comprendí que quizá la innovación que buscamos no está únicamente en nuevas plataformas, pantallas más grandes o aplicaciones de inteligencia artificial. Tal vez esté en las personas que todavía no hemos invitado a participar.

Con frecuencia hablamos de atraer más talento a la industria. Quizá la conversación debería evolucionar hacia otra dirección: atraer talento diferente. No necesitamos menos especialistas en turismo ni en reuniones. Los seguiremos necesitando, quizá más que nunca. Lo que hace falta es complementar esa extraordinaria base profesional con economistas que comprendan el impacto de nuestra actividad, psicólogos capaces de interpretar el comportamiento de las personas, diseñadores de experiencias, científicos de datos, expertos en accesibilidad, mercadólogos, ingenieros, antropólogos, comunicadores y profesionales provenientes de disciplinas que hasta hace poco parecían ajenas a nuestro ecosistema.

La diversidad suele asociarse con género, generaciones, culturas o nacionalidades. Todos esos esfuerzos siguen siendo indispensables. Sin embargo, existe otra diversidad de la que hablamos mucho menos: la diversidad intelectual. Las mejores ideas rara vez aparecen cuando todos pensamos igual. Surgen cuando distintas disciplinas observan un mismo problema desde perspectivas completamente diferentes.

Quizá el siguiente gran salto de nuestra industria no dependa exclusivamente de una nueva tecnología ni de una metodología revolucionaria. Quizá dependa de algo mucho más sencillo: sentar en la misma mesa a personas que nunca habíamos considerado parte de ella.

Después de todo, las reuniones existen precisamente para conectar mundos que normalmente no conversan entre sí. Tal vez la próxima gran innovación no esté esperando en otro destino. Tal vez esté esperando en otra profesión.

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