La ejecución del Ayatolá, supremo Líder de Irán, por parte de Estados Unidos acaba de cambiarlo todo. Sí, por más absurdo que parezca, hemos vuelto a pensar lo mismo después de la captura de Nicolás Maduro a principios de año.
Esto es inevitable pues, mientras Estados Unidos e Israel bombardean Irán, el panorama internacional acaba de dar un giro peligroso.
Para nadie fue sorpresa que Estados Unidos haya atacado Irán, puesto que las cosas ya estaban en tensión absoluta luego de que las negociaciones con Teherán (capital de Irán) para la desnuclearización del país se estancaron.
Washington, a manera de presión y de demostración de poder, había movilizado a gran parte de su flota a Medio Oriente.
En concreto, se especula que más de un tercio se encontraba en la zona, incluidos los dos portaaviones nucleares más importantes: el USS Gerald Ford y el USS Abraham Licon.
En conjunto, Netanyahu y Trump iniciaron una ofensiva contra el Ayatolá el pasado viernes, la cual acabó con la vida de este último.
El problema en esto, y la razón por lo que el panorama nuevamente vuelve a cambiar, responde a dos motivos: el primero, las tensiones acumuladas en la historia salieron a flote generando un conflicto regional, y el segundo porque Rusia y China no pueden, o no quieren, meter las manos al fuego por sus aliados.
Es bien sabido que, en Medio Oriente desde antes de la creación del Estado de Israel, por parte de la ONU (¿y la ONU?) en 1948, la tensión en la zona era mucha.
En suma, la creación de Israel no hizo más que aumentar la tensión de las cosas. Además de ser una de las zonas donde convergen casi todas las religiones, también es una zona con muchos recursos naturales, lo que la convierte en una zona geopolíticamente muy importante, susceptible de disputa.
Por su parte, Rusia y China no han metido las manos y no han hecho mucho por ayudar a sus aliados. Cuando Nicolas Maduro fue capturado por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero, muchos pensábamos que los dos gigantes asiáticos meterían las manos por su amigo y socio comercial en temas tan importantes como el petróleo. Sin embargo, se limitaron a condenar el ataque y siguieron con su vida.
Mismo tema con Cuba, a quien Estados Unidos ha estado ahorcando de todas las maneras posibles, metiendo todas las presiones que se pueden para que nadie comercie con la isla caribeña, al grado que ha amenazado con poner aranceles. Incluso, recientemente Trump comentó que era buena idea iniciar “una invasión amistosa de la isla”.
Así, lo que está pasando en Irán es solo otro de los síntomas de que las dos superpotencias no están reaccionando como uno esperaría. Por el contrario, Trump y Netanyahu, están haciendo lo que Stalin hizo con Polonia.
No van a dejar piedra sobre piedra en Teherán y si es posible en Irán, mientras sus aliados asiáticos se limitan a condenar los actos de Washington y Tel Aviv.
Todo parece apuntar a que Estados Unidos está viviendo su mejor momento en el panorama internacional.
No tiene quien le ponga un alto, la ONU ya no es más que un simple recordatorio de cómo funcionaba el mundo y el Derecho Internacional empieza a ser un efímero recuerdo de tiempo de mayor diplomacia. Bien lo dijo Trump con anterioridad: “El Derecho Internacional, soy yo”. Lamentablemente, empieza a ser difícil negarlo. Por su lado, Europa busca mostrarse “crítica”, pero apoya a sus dos mayores benefactores.
En resumen, tal parece que Trump no tiene contrapesos internacionales, cosa que es preocupante debido a que el equilibrio de poder está muy desbalanceado.
Aunque no sabemos qué pueda pasar mañana -considerando que últimamente el panorama da giros abruptos-, hoy por hoy, Estados Unidos no tiene nadie que le haga frente en el exterior. No obstante, Trump no es todopoderoso y lo sabe. El pueblo estadounidense no está muy contento con la gestión que está haciendo, así que las intermedias en noviembre quizás puedan ser el contrapeso que el mundo necesita. Ya lo veremos.




