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Congresos que transforman: cuando la ley responde a la gente


Por Jorge Sanén, Diputado de la Transformación

Durante mucho tiempo, los congresos fueron percibidos como espacios lejanos a la vida cotidiana de la gente. Lugares donde se discutían leyes sin conexión con la realidad social, donde los debates parecían ajenos a las preocupaciones de las familias y donde el poder legislativo se entendía más como una formalidad institucional que como una herramienta de cambio.

Esa visión es justamente la que la Cuarta Transformación vino a romper.
Hoy entendemos que un Congreso no puede vivir encerrado entre muros ni limitado a discusiones técnicas. Debe ser un espacio abierto, cercano, con sensibilidad social y con la capacidad de traducir la voz del pueblo en decisiones que mejoren la vida de las personas. Porque cuando la ley se construye escuchando, la política deja de ser un privilegio y se convierte en un instrumento de justicia.

En Quintana Roo, esta nueva forma de legislar se ha ido consolidando con una visión clara: colocar a las personas en el centro de cada decisión. Eso significa impulsar presupuestos con sentido social, fortalecer derechos, combatir desigualdades y construir políticas públicas que respondan a las realidades de nuestro estado, no a intereses particulares.

Desde el Congreso local hemos trabajado para que cada iniciativa tenga un propósito claro: generar bienestar. No se trata solo de aprobar leyes, sino de que esas leyes tengan impacto real. Que una reforma signifique más oportunidades para las juventudes, mayor protección para las mujeres, mejores servicios para las familias y un desarrollo más equilibrado para todos los municipios.

La propuesta del Día del Pueblo, por ejemplo, surge de esa lógica: acercar las instituciones a la ciudadanía, abrir espacios permanentes de diálogo y garantizar que la voz de la gente se convierta en decisiones concretas. Esa es la esencia de un Congreso transformador: escuchar, construir acuerdos y legislar con responsabilidad social.

Además, la actual legislatura ha asumido el compromiso de trabajar con transparencia, rendición de cuentas y disciplina institucional. La transformación también pasa por la forma de hacer política: con ética, con honestidad y con un profundo respeto por los recursos públicos y por la confianza ciudadana.

Un Congreso que transforma es aquel que entiende que su función no es protagonizar discursos, sino construir soluciones. Es el que se mantiene cercano al territorio, el que escucha a las comunidades, el que dialoga con los sectores productivos, el que atiende a las organizaciones sociales y el que se deja guiar por las necesidades reales de la gente.

Hoy, la Cuarta Transformación nos ha enseñado que la política tiene sentido cuando mejora la vida de las personas. Y ese principio también aplica al trabajo legislativo. Cada ley debe ser una respuesta a una necesidad social, cada presupuesto debe ser una herramienta de justicia y cada decisión parlamentaria debe tener como destino final el bienestar del pueblo.

En Quintana Roo estamos demostrando que un Congreso cercano, responsable y con visión social puede convertirse en un verdadero motor de transformación. Porque cuando la ley responde a la gente, la política recupera su esencia: servir.

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