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Turismo, Desarrollo y Justicia Social: el equilibrio que Quintana Roo necesita

La fuerza de la transformación - Jorge Sanén

Hablar de Quintana Roo es hablar del turismo como motor económico nacional, pero también es reconocer una verdad que durante muchos años se quiso ignorar: el crecimiento turístico no siempre significó bienestar para quienes lo hacen posible.

Hoteles llenos, cifras récord y reconocimiento internacional convivieron, por décadas, con desigualdad, precariedad laboral y comunidades excluidas del desarrollo. Ese desequilibrio es precisamente uno de los grandes retos que la Cuarta Transformación asumió en Quintana Roo.

El turismo no puede seguir siendo solo un indicador económico; debe convertirse en una herramienta de justicia social. Hoy, el reto no es elegir entre crecimiento o bienestar, sino lograr que ambos avancen juntos. Que el éxito turístico se traduzca en mejores salarios, acceso a vivienda, servicios de salud, educación y calidad de vida para las y los trabajadores que sostienen esta industria.

La transformación comienza cuando se cambia la lógica de gobierno. Hoy se impulsa un modelo de prosperidad compartida, donde cada proyecto turístico va acompañado de inversión social, ordenamiento territorial y políticas públicas que protegen tanto a las comunidades como al medio ambiente. Porque no hay desarrollo sostenible sin justicia social, ni turismo exitoso sin dignidad laboral.

En Quintana Roo ya se camina en esa dirección. La inversión en infraestructura, movilidad y servicios públicos no solo mejora la experiencia del visitante; mejora, sobre todo, la vida cotidiana de quienes viven aquí. Programas sociales, regularización de colonias, acceso a vivienda y fortalecimiento del bienestar son parte de una visión integral que entiende al turismo como un medio, no como un fin en sí mismo.

Desde el Congreso del Estado, esta visión se traduce en leyes que protegen derechos, fortalecen la igualdad y promueven un desarrollo más equilibrado. Legislamos para que el crecimiento económico tenga rostro humano y para que el éxito turístico no se construya a costa de la exclusión social.

El equilibrio que Quintana Roo necesita exige planeación, coordinación entre órdenes de gobierno y una convicción clara: el pueblo va primero. Significa escuchar a las comunidades, dialogar con los sectores productivos y tomar decisiones responsables que miren al largo plazo.

Hoy Quintana Roo tiene la oportunidad de ser referente nacional de un turismo con justicia social. Un turismo que genere riqueza, sí, pero que también construya bienestar, cohesión social y futuro para todas y todos.

Ese es el camino de la transformación: crecer sin dejar a nadie atrás y demostrar que el verdadero desarrollo se mide en vidas que mejoran.

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