El latido que renació en la oscuridad
Entre el miedo y el diagnóstico equivocado, los médicos del Hospital "Dr. Juan Graham Casasús" devolvieron el aliento a un muchacho de 18 años tras una compleja cirugía a corazón abierto.

Para Julio César Castillo Pascual, un joven de apenas 18 años originario de Cárdenas, el camino comenzó entre la incertidumbre y el desgaste de diagnósticos erróneos que apuntaban a un simple cuadro de dengue.
Sin embargo, detrás de la fiebre y la debilidad se escondía un enemigo temible: una meningitis bacteriana que derivó en endocarditis infecciosa, una grave afección que carcomía el revestimiento interno y las válvulas de su corazón.
El panorama era desolador para su familia, que veía cómo la vitalidad del muchacho se apagaba lentamente mientras buscaban una respuesta en medio de la desesperación.
El punto de inflexión llegó al ingresar a la red del IMSS Bienestar, donde el equipo multidisciplinario del Hospital Regional de Alta Especialidad “Dr. Juan Graham Casasús” tomó el caso con una entrega absoluta.
Encabezados por los especialistas Orlando Henne Otero y Miguel Ángel Hernández Ruiz, los médicos determinaron que la única esperanza era realizar una delicada cirugía a corazón abierto.
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“Nos habían dado tantos diagnósticos, pero al ingresar los médicos se enfocaron por completo en su caso; tras múltiples estudios descubrieron exactamente lo que tenía”, relata con el alma en la garganta su madre, la señora Ana Pascual, al recordar aquellos días aciagos en los que la fe y la ciencia médica libraban una batalla a contrarreloj en el quirófano para salvaguardar la existencia de su hijo.
Hoy, tras mes y medio de un riguroso tratamiento integral y gratuito, el eco del dolor ha dado paso a la esperanza y al ritmo cotidiano del hogar.
Julio César evoluciona favorablemente y retoma gradualmente sus brochas y rodillos para trabajar en la pintura e impermeabilización junto a su padre, dejando atrás la sombra de la enfermedad.
La dicha de volver a ver sonreír a su hijo con la frescura de sus 18 años reafirma en su familia la gratitud hacia las manos que lo devolvieron a la vida.
“Saber que mi hijo está de nuevo a nuestro lado, sano y retoma sus metas, es un milagro que le debo al cuidado y la devoción con la que nos atendieron”, concluye la señora Ana Pascual, con la mirada puesta en un futuro rodeado de paz y salud.




