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El alma de Tabasco late en el Museo de la Cacaotera

Entre el aroma del cacao y el simbolismo del traje regional, las 17 representantes municipales y la Flor Tabasco 2025 se sumergen en la historia que define la identidad del estado.

En una jornada marcada por el misticismo y la identidad cultural, el Museo Regional La Cacaotera se convirtió esta mañana en el epicentro de la tradición estatal al recibir a las 17 representantes de los municipios, quienes acudieron acompañadas por la actual soberana, María Fernanda Palma Miramontes, Flor de Oro Tabasco 2025.

El recinto, que resguarda el legado agrícola y social de la región, sirvió como escenario para un encuentro que trasciende la belleza, enfocándose en el papel de las jóvenes como guardianas del patrimonio tangible e intangible de la entidad.

Este recorrido forma parte de las actividades oficiales previas a la máxima fiesta de los tabasqueños, consolidando el vínculo entre las aspirantes y la historia que representan ante el pueblo.

Durante la estancia, el ramillete de embajadoras participó en una cátedra magistral sobre la indumentaria regional, donde profundizaron en la historia, el porte y los códigos estéticos del traje típico tabasqueño.

Especialistas en la materia detallaron el significado de los bordados de tulipanes, el uso protocolario de la falda y los accesorios que distinguen a cada región, subrayando que esta vestimenta no es un simple ornamento, sino un símbolo de resistencia y orgullo cultural.

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El aprendizaje sobre el correcto uso de la prenda busca que las representantes proyecten un respeto absoluto por la identidad local en cada una de sus apariciones públicas, dignificando el legado de las artesanas que mantienen viva esta tradición.

La experiencia culminó con una inmersión sensorial en los orígenes económicos y gastronómicos del estado; la elaboración del chocolate artesanal.

Bajo la guía de maestros chocolateros, las jóvenes conocieron desde el tratamiento de los granos de cacao hasta la molienda tradicional, conectando de manera directa con la raíz más profunda de la economía y la cosmogonía tabasqueña.

Al involucrarse en este proceso milenario, las embajadoras no solo fortalecieron sus conocimientos sobre el sector productivo local, sino que también reafirmaron el valor del “alimento de los dioses” como un pilar fundamental que define la esencia de Tabasco ante el mundo.

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