
El poblado de Olcuatitán, en el municipio de Nacajuca, es cuna de un verdadero titán de la artesanía tabasqueña: el maestro Luciano Hernández May.
Su trayectoria no solo es una muestra de habilidad, sino de una pasión y dedicación inquebrantables, plasmadas en cada pieza que labra.
Esta admiración es el resultado de años de transformar la materia prima en expresiones artísticas, haciendo de su trabajo un legado cultural vivo y palpable.
Sus icónicos cayucos son considerados auténticas obras de arte, reflejo fiel de la riqueza cultural y la belleza inigualable de nuestra tierra.
Don Luciano logra fusionar técnicas ancestrales con una creatividad desbordante, donde la simple madera se convierte en un lienzo palpitante.
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Cada creación se engalana con los colores vibrantes de la naturaleza local, ofreciendo una ventana a la identidad de Tabasco.
Es un verdadero honor destacar la figura de este gran maestro artesano, quien es un orgullo de nuestra tierra y un fiel guardián de nuestras tradiciones.
Con su ejemplo, Luciano Hernández May no solo preserva un oficio, sino que también nos inspira a todos a seguir promoviendo y valorando la inmensa riqueza cultural que define a Tabasco, asegurando que su legado perdure.





