Leyenda Urbana: El Hombre Serpiente de Cunduacán el guardián de la Noche y la Justicia
Una antigua leyenda tabasqueña que cuenta la historia de un hombre con el poder de transformarse en serpiente para proteger a su comunidad.

En Cunduacán, Tabasco, la leyenda del Hombre Serpiente ha sido transmitida por generaciones. Don Julián, un sabio curandero, poseía el don ancestral de transformarse en una serpiente vigilante que castigaba a los malhechores y protegía a los inocentes bajo el manto de la noche.
Hace muchos años, en el corazón del municipio de Cunduacán, Tabasco, existió un hombre diferente a todos. Se llamaba Don Julián, un hombre humilde, conocido por su sabiduría y habilidades con plantas medicinales. Sin embargo, lo que nadie sabía era que Julián guardaba un secreto ancestral heredado de sus antepasados: podía transformarse en serpiente.
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Se dice que esta habilidad no era un don común, sino un poder espiritual otorgado por los dioses de la selva para proteger a su comunidad. Don Julián era el guardián invisible que vigilaba la justicia en Cunduacán. Durante el día, era un hombre reservado y amable; pero cuando la noche caía, el Hombre Serpiente despertaba para recorrer silenciosamente las calles y caminos, asegurándose que la paz y el orden se mantuvieran.
Su transformación era completa: de repente desaparecía de la vista humana para aparecer como una gran serpiente negra con escamas brillantes y ojos resplandecientes. Algunos aseguran que su silbido se escuchaba en la oscuridad, como un viento extraño que erizaba la piel.
Quienes cometían actos malos, como robar, engañar o dañar a otros, sentían el castigo de la serpiente. Varias personas cuentan que, en noches de luna nueva, escuchaban un siseo cerca de sus casas y al día siguiente aparecían marcas misteriosas en sus puertas o terrenos, como advertencia para no volver a hacer el mal.
Pero el Hombre Serpiente no solo castigaba; también protegía a los inocentes y a los enfermos. Cuando alguien caía gravemente enfermo, se rumoraba que Julián, en forma de serpiente, dejaba un pequeño regalo, una planta curativa o una señal para que los sabios del pueblo supieran dónde encontrar remedios.
Con el tiempo, la figura de Don Julián desapareció, pero la leyenda del Hombre Serpiente perdura, transmitida por los abuelos que aún advierten a los jóvenes sobre el poder invisible que aún vigila Cunduacán.





