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Guillermo del Toro sorprende al hacer tortillas y cantar con todo y mariachi

¿Te imaginas estar en uno de los festivales de cine más prestigiosos del mundo y terminar comiendo una tortilla recién hecha por las manos de un ganador del Oscar? En un evento donde el glamour y la seriedad suelen ser la norma, Guillermo del Toro volvió a demostrar que se puede ser un genio del séptimo arte sin perder jamás el sabor de las raíces.

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El Festival de Sundance 2026 fue testigo de un momento que ya se volvió viral: el director tapatío, lejos de los reflectores de las alfombras rojas convencionales, decidió rendir un homenaje a México de la forma más humana posible. Entre risas, el aroma del maíz y los acordes de un mariachi, Del Toro transformó una presentación cinematográfica en una auténtica fiesta de barrio que dejó a todos los asistentes con el corazón (y el estómago) contento.

Este encuentro no fue una casualidad. Se dio en el marco de una proyección especial por el aniversario de su ópera prima, Cronos, donde el director recordó sus inicios mientras se ponía el delantal. Para Guillermo, el cine y la gastronomía comparten la misma esencia: ambos son actos de amor que se entregan al otro.

El sabor de Cronos: De la pantalla a la mesa

Lo que comenzó como una charla técnica sobre la restauración de su primera película, pronto se convirtió en una clase magistral de cultura mexicana. Ante la mirada atónita de cineastas internacionales, Del Toro tomó una prensa de madera, una bola de masa y comenzó a tlatoyar tortillas con una destreza que pocos esperarían de un director de su calibre.

“El cine es como una buena tortilla; si no tiene alma, no alimenta”, bromeó mientras el vapor subía por el escenario de Park City.

El momento alcanzó su clímax cuando un grupo de mariachis irrumpió en el recinto. Guillermo, conocido por su calidez, no dudó en tomar el micrófono para entonar algunos clásicos populares, contagiando a los presentes con una energía que recordó por qué es uno de los personajes más queridos de la industria. No fue solo un espectáculo, fue una declaración de identidad en un foro global.

Este tipo de acciones refuerzan la narrativa que ha construido el cineasta a lo largo de los años: la de un hombre que, a pesar de vivir entre monstruos y fantasías de Hollywood, mantiene los pies bien puestos en la tierra (y el paladar en México). En Sundance 2026, Del Toro no solo presentó una película, presentó su esencia.

Un legado que se amasa con pasión

La presencia de Del Toro en Sundance siempre es relevante, pero esta vez el enfoque fue distinto. Al celebrar Cronos, el director nos recordó que los monstruos que hoy conocemos nacieron de un presupuesto limitado y mucha creatividad en los años 90. Verlo hacer tortillas mientras celebraba su pasado es un recordatorio de que el éxito no está peleado con la humildad.

Expertos y críticos presentes destacaron que esta “humanización” de la figura del director es lo que hace que su cine conecte de manera tan profunda con el público. No es solo un técnico de la imagen, es un contador de historias que entiende que la cultura se transmite a través de los sentidos.

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