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El problema de la ONU

Blog | 26/10/2026| 20:56

José Miguel Martínez

Cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) el mundo era muy diferente. En 1945 las naciones tenían miedo de verse involucradas en un conflicto a gran escala de nuevo, por lo que en conjunto crearon la ONU. Con la firma de la Carta de San Francisco la idea era detener todas las guerras y fomentar la cooperación, pero 81 años después vale la pena preguntarnos: ¿realmente funciona?

Cabe precisar que la ONU fue la sucesora de La Liga de las Naciones, que desapareció poco después del estallido de la Segunda Guerra Mundial pues tenía un problema fundamental. Cuando se acabó la Gran Guerra y se firmó la paz de Versalles, no todas las naciones fueron invitadas a formar parte desde un inicio, sobre todo las perdedoras. Esto alimentó la idea de rechazo y de aislamiento que les dejó la derrota.

Posteriormente, cuando la ONU se crea, no se comete el mismo error. Los estatutos establecen que todas las naciones que sean reconocidas ante la Asamblea General tienen su asiento asegurado. Por ello, la Asamblea General está conformada por 193 miembros, todos con el mismo derecho de voz y voto; así como dos observadores, con derecho a voz, pero no a voto (Palestina y la Santa Sede). Sin embargo, tal como sostuvo Orwell en su libro “La Rebelión en la Granja”, “Todos somos iguales, pero hay unos más iguales que otros”; y en la ONU no es la excepción, pues como “recompensa” por haber ganado la guerra, Estados Unidos, China, Rusia (antes la URSS), Francia e Inglaterra, tienen un poder especial: el derecho de veto.

Cabe aclarar, además, que no todas las resoluciones de la ONU son jurídicamente vinculantes. Esto quiere decir que no se le puede obligar a un Estado miembro a cumplir con lo que se acuerde en la Asamblea General, pues todo en la ONU se basa en el principio de “buena fe” y funciona más bien con presiones diplomáticas.

Otro caso es el Consejo de Seguridad (CSONU), donde se encuentran los cinco países con Derecho de Veto. Es importante mencionar que en el CSONU lo que se resuelva es jurídicamente vinculante y, de ser necesario, la ONU puede desplegar la los “cascos azules” (el ejército internacional).

¿El problema? Que Estados Unidos, Inglaterra y Francia conforman un bloque y China y Rusia otro. De este modo, si algún tema en discusión es “tema sensible” para alguna de las potencias involucradas, se veta, impidiendo llegar a un acuerdo. Ante el veto, la ONU no puede intervenir ni hacer nada… solo esperaba que la diplomacia funcionara, pero no pude ejercer la fuerza para hacerlo.

Este mismo problema se replica en la Asamblea General. Se pueden discutir temas muy importantes y de gran relevancia internacional, pero si las naciones deciden votar a favor y después no ratificar, o simplemente no acatar lo que dice la ONU, no hay manera de obligarlas a que los compromisos se cumplan.

En síntesis, la ONU es una gran idea en lo abstracto, pero con una pésima ejecución por parte de las potencias; sobre todo debido a las cinco potencias que tienen derecho de veto. Si a alguna de ellas no le conviene que algo se mueva tienen la capacidad de bloquear a la ONU todo el tiempo que sea necesario, por más urgente o problemático sea lo que están discutiendo. Me parece que, inexorablemente, si la ONU no cambia, sufrirá el mismo destino que su antecesora.

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