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“El jícaro”: pulmón hídrico que se niega a morir en la Nueva Villahermosa

Un esfuerzo interinstitucional busca rescatar la Laguna El Jícaro, un santuario de aves y termostato natural atrapado entre el asfalto de la capital tabasqueña.

Estados | 15/09/2026| 08:44

Entre el bullicio urbano y la selva de concreto de la colonia Nueva Villahermosa, la Laguna El Jícaro lucha por mantener su aliento vital.
Nacida como un cuerpo de agua natural conectado al antiguo sistema de humedales de la cuenca del Grijalva, esta laguna ha sido históricamente un refugio de biodiversidad para la ciudad.

A lo largo de las décadas, su presencia ha sido fundamental para amortiguar el sofocante calor tropical, funcionando como un verdadero termostato natural que regula las temperaturas locales, además de dar cobijo permanente a especies de aves locales y servir de posada obligada para cientos de aves migratorias que cruzan el continente.

Sin embargo, el avance desmedido del lirio y la lechuguilla amenazaba con asfixiar por completo su espejo de agua, reduciendo el oxígeno y poniendo en peligro su delicado ecosistema.

Para evitar un desastre ecológico, nueve integrantes del Centro Operativo de la Reserva Ecológica Laguna de las Ilusiones (CORELI) emprendieron una intensa jornada de rescate.

Con esfuerzo manual y una labor titánica entre el barro y la vegetación, el equipo logró remover la densa capa verde que cubría la superficie, devolviéndole la luz y la vida a este rinconcito acuático de la capital.

La hazaña no se logró de manera aislada; la coordinación con el Ayuntamiento de Centro resultó crucial para completar la misión; ya que, mientras el equipo de CORELI extraía los residuos del agua, las autoridades municipales desplegaron el apoyo logístico para trasladar el material vegetal hacia el centro de transferencia.

Esta suma de voluntades dio como fruto directo el retiro de 11 toneladas de lechuguilla, una acción de gran impacto ambiental que permitió liberar aproximadamente media hectárea de espejo de agua, permitiendo que la laguna vuelva a respirar y a reflejar el cielo tabasqueño.

Mantener sanos y protegidos los pulmones hídricos de la ciudad es una tarea que sobrepasa los esfuerzos gubernamentales y requiere del compromiso diario de toda la ciudadanía.

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Salvar la Laguna El Jícaro recuerda la urgencia de evitar tirar residuos en los cuerpos de agua comunitarios, entendiendo que el cuidado del entorno y la transformación de Tabasco es una responsabilidad compartida.

Preservar este humedal no solo asegura el canto de las aves que allí anidan, sino que garantiza un microclima más fresco y un futuro más verde para las próximas generaciones de villahermosinos.

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Felipe Rosales Pérez

Felipe Rosales Pérez/ Reportero con más de 20 años en el periodismo, cubre la fuente política, dependencias estatales y delegaciones federales

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