
Hay cosas que uno entiende mejor cuando las ve.
No cuando las lee.
Y estos días, viendo a WWE regresar a México con Raw y SmackDown, y a Triplemanía comenzar en Las Vegas, hay una imagen que se repite en mi cabeza: la lucha libre mexicana está viviendo algo que hace algunos años parecía difícil de imaginar.
Estamos exportando cultura.
Y eso es mucho más importante que una cartelera.
Porque la lucha libre en México nunca ha sido solamente subir a un ring, ponerse una máscara y comenzar a golpearse.
Es parte de nuestra identidad.
Está en las máscaras que los niños guardan como tesoros. En el papá que llevó a su hijo por primera vez a una arena. En el que se sabe los nombres de los luchadores, aunque no sepa absolutamente nada de las reglas. En los gritos. En las porras. En el “¡te va a ganar!” que se escucha desde la última fila.
La lucha libre mexicana tiene algo que no se puede fabricar en una oficina.
Tiene cultura.
Tiene historia.
Tiene barrio.
Tiene personajes.
Y, sobre todo, tiene aficionados.
Por eso resulta interesante lo que está pasando ahora.
WWE volvió a México con sus dos principales programas televisivos después de 15 años. La respuesta de los aficionados ha demostrado que aquí existe un mercado enorme para este espectáculo.
Pero al mismo tiempo, Triplemanía 34 hizo algo todavía más simbólico.
Se fue a Las Vegas.
Por primera vez, el evento insignia de AAA comenzó fuera de México, en una ciudad que conoce perfectamente lo que significa convertir un espectáculo en una experiencia mundial.
Y ahí estaba Rey Mysterio.
Ahí estaba Psycho Clown.
Ahí estaban luchadores mexicanos y estadounidenses compartiendo escenario.
Ahí estaba AAA diciendo, de alguna manera: esto también lo podemos hacer nosotros.
La primera noche dejó, además, una imagen difícil de olvidar: Omos derrotando a Rey Mysterio y después atacándolo brutalmente, en una historia que mezcló el espectáculo de WWE con la identidad de AAA.
Y aquí es donde creo que debemos hablar de la compra de AAA por parte de WWE.
Porque sí.
Ha sido un acierto.
No porque WWE tenga que venir a enseñarle a México cómo hacer lucha libre.
Eso sería absurdo.
México lleva décadas enseñándole al mundo cómo se hace.
El acierto está en otra cosa.
En tomar una propiedad mexicana, con una identidad mexicana, y darle una plataforma internacional que antes era mucho más difícil de conseguir.
Eso puede significar mejores producciones.
Más exposición.
Más oportunidades para los luchadores.
Más contenido.
Más aficionados.
Más dinero.
Y, si se hace bien, algo todavía más importante: que un niño en Estados Unidos, Europa o cualquier otra parte del mundo pueda conocer a un luchador mexicano y terminar preguntándose de dónde viene todo esto.
Y entonces descubrir la máscara.
El Santo.
Blue Demon.
Mil Máscaras.
Rey Mysterio.
El Hijo del Vikingo.
Psycho Clown.
Y tantos otros.
Eso es cultura.
Eso es exportar identidad.
Porque durante mucho tiempo México tuvo que acostumbrarse a ver cómo otros países tomaban nuestras cosas, las empaquetaban mejor y las vendían al mundo.
Hoy puede ser diferente.
WWE tiene la maquinaria.
AAA tiene la historia.
México tiene la cultura.
Y los aficionados tienen algo que ninguna empresa puede comprar:
pasión.
La clave estará en no perder el equilibrio.
Que AAA no deje de ser AAA.
Que la máscara siga significando algo.
Que nuestros luchadores sigan teniendo personalidad propia.
Que la lucha mexicana no termine convertida en una copia de la lucha estadounidense.
Porque el mundo no necesita otra WWE.
El mundo ya tiene una.
Lo que quiere ver es qué puede hacer México con todo lo que tiene.
Y estos días estamos empezando a tener una respuesta.
Quizá el verdadero éxito de la alianza entre WWE y AAA no sea que un mexicano pueda aparecer en un programa estadounidense.
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Quizá sea que, algún día, un niño en otro país vea una máscara mexicana y pregunte:
¿Y quién es ese?
Y nosotros podamos responderle:
“Ahí empieza una historia que tienes que conocer”.
Porque la lucha libre mexicana no necesita pedir permiso para entrar al mundo.
El mundo apenas está empezando a descubrir que la lucha libre también es nuestra.
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