
Aunque México avanza hacia una economía menos dependiente del efectivo, miles de usuarios están optando por cancelar sus tarjetas de crédito para evitar deudas. El fenómeno ocurre en un contexto de alta morosidad, tasas de interés elevadas y menor crecimiento económico, mientras los neobancos ganan terreno entre los consumidores.
En un momento en que México impulsa la digitalización de pagos y busca reducir el uso de efectivo, un fenómeno opuesto comienza a tomar fuerza: la cancelación masiva de tarjetas de crédito.
De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, entre enero y febrero de 2026 se cancelaron más de 65,000 tarjetas en el país. Esta reducción refleja un cambio en el comportamiento de los consumidores, quienes tras la llamada “cuesta de enero” han optado por reducir riesgos financieros y evitar el sobreendeudamiento.
Las cifras muestran que el número de contratos vigentes pasó de 39.04 millones en enero a 38.97 millones en febrero, lo que representa una disminución de 65,373 tarjetas en apenas un mes.
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El ajuste no ha sido uniforme. Instituciones como Banamex reportaron la pérdida de más de 13,000 clientes en ese periodo, mientras que HSBC registró una caída de más de 46,000 tarjetas. Otros bancos como BanCoppel y Banco Azteca también reportaron reducciones importantes en su base de clientes.
En contraste, los neobancos continúan expandiéndose. Plataformas como Nu, Mercado Pago y Revolut han incrementado su número de tarjetas, especialmente entre usuarios jóvenes que buscan opciones más flexibles y digitales.
Uno de los factores clave detrás de esta tendencia es el deterioro del entorno económico. Según datos del Banco de México, la morosidad en créditos al consumo alcanzó los 58,380 millones de pesos a inicios de 2026, lo que representa un aumento anual de 23.4%.
A esto se suma una tasa de referencia de 6.75% y un crecimiento económico limitado, con un PIB de apenas 0.8% en 2025. Este escenario ha llevado a los bancos a endurecer sus criterios de otorgamiento de crédito y a cancelar cuentas consideradas inactivas o de alto riesgo.
Así, mientras el país avanza hacia una economía más digital, la cautela financiera de los consumidores está redefiniendo el uso del crédito, marcando una tendencia donde menos deuda puede ser sinónimo de mayor estabilidad.




