La bala

El pasado sábado 25 de abril el presidente Trump sufrió un intento de atentado en el Hotel Hilton en Washington D.C. durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca. El agresor fue detenido mucho antes de siquiera lograr acercarse al presidente. Ahora será llevado a juicio, donde enfrentará a la justicia. Este atentado no ha sido el primero, ni el más grave que ha sufrido un presidente estadounidense.
A finales de la Guerra Civil en Estados Unidos, en 1985, el presidente Abraham Lincoln atendió una obra de teatro llamada “Our American Cousin”. Durante el desarrollo de esta comedia musical. John Wilkes Booth le dió un tiro en la cabeza al presidente gritando: “así siempre con los tiranos”. Tras el disparo, al más puro estilo del James Bond, saltó al escenario para salir huyendo. Días después fue capturado y ahorcado.
El legado de Lincoln fue irreprochable después de su magnicidio. La guerra civil se acabó y al presidente se le considera el salvador de Estados Unidos. Hasta la fecha, sigue muy presente en la cultura estadounidense; ejemplo de ello es que su rostro se encuentra en la numismática de las monedas de un centavo, así como en el billete de 5 dólares.
John Garfield, por otro lado, fue el vigésimo presidente de los Estados Unidos; y tras una fuerte discusión con Charles Jules Guiteau por negarle un un consulado, recibió dos disparos. Las heridas no fueron graves, pero los médicos se empeñaron en buscar las balas. Incluso Alexander Graham Bell, el gran inventor, lo intentó. Sin embargo, después de 100 días de agonía, Garfield falleció por hemorragias internas y una infección causada por los médicos.
Por su parte, William McKinley murió asesinado por un extremista radical llamado Leon Czolgosz, quien no estuvo de acuerdo con las políticas expansionistas y de libre mercado del presidente pues consideraba que atentaban contra Estados Unidos. Motivado por estas ideas, Leon compró un revólver y decidió tomar el asunto en sus manos y terminar con las ideas de McKinley en 1901.
Más adelante ocurriría uno de los momentos más tensos en la historia moderna de Estados Unidos. John F. Kennedy, junto con el gobernador de Texas, fueron asesinados en Dallas en 1963. Este momento marcó un momento de mucha incertidumbre, ya que todo mundo apuntaba a que su archienemiga, la Unión Soviética (URSS), era la responsable. Rápidamente la URSS, de la mano de Nikita Jrushchov, negó cualquier tipo de intervención y ofreció a Estados Unidos su cooperación en señal de buena fe.Desde este magnicidio, la seguridad para los presidentes en Estados Unidos cambió radicalmente. Ahora deben ir en un vehículo blindado, no pueden permanecer mucho tiempo al aire libre y se revisan y escanean las zonas donde van a estar con semanas de antelación. Digamos que el asesinato de Kennedy marcó un punto de inflexión y, desde entonces, todo el protocolo de seguridad se robusteció.
En síntesis, Estados Unidos, como casi todos los países, han sufrido magnicidios que han cambiado el curso de la historia. Podemos ver que ni uno de los países más poderosos del mundo se salva de este tipo de lamentables eventos.
José Miguel Martínez Internacional
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