Opinión

Flores, dragones y algo más

Martha Meza
marliv73@gmail.com

Entre revelaciones & sombras

Pasamos una Luna Llena Rosa le llaman, aunque de rosa, no tuvo nada.

Es un tránsito que siempre invita al buceo emocional, a mirar lo oculto, a entrar en contacto con lo que estaba bajo la superficie, pero esta vez está potenciado por lo que nos trajo la pasada Luna llena.

Repitiéndonos con fuerza el mensaje de que lo incómodo busca verdad.

Mostrándonos que las máscaras de la niña buena, la persona que se sobre adapta, que se calla y no pone límites, ya no son funcionales para esta actualización que propone la vida. Quiénes nos escondimos debajo de las máscaras somos nosotros, y esa es la relación que necesita más atención.

¿Y si en lugar de seguir sosteniéndolo todo… bajaras? Al cuerpo. Al hueso. A tu raíz.

Al amor que sana, ese que no llega a acariciar tus heridas, sino el que llega a mostrártelas.

No viene a aplaudir tus máscaras, sino a invitarte a quitártelas sin miedo. No te acomoda… te transforma. Porque amar de verdad no es quedarse donde todo es fácil, es quedarse donde el alma se sacude y aun así se elige construir.

Un amor real no exige que cambies por alguien, pero te inspira a cambiar por ti mismo. No porque estés roto, sino porque entiendes que aún puedes ser mejor. Te enseña que el verdadero compromiso no es con la otra persona, sino contigo mismo en la forma en que decides amar, crecer, y sanar junto a alguien.

No es un camino suave, pero es un viaje sagrado. Porque el amor que vale no es el que se da cuando todo está bien… es el que se elige cuando mirar hacia dentro duele, pero lo haces igual. Y lo haces con la firmeza de quien ha decidido amar con conciencia, con alma, y con verdad.

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