Cuando el deber se tiñe de luto y gratitud
Bajo el domo del Congreso, el silencio se convirtió en el eco de una nación que llora a sus guardianes; Tabasco rinde tributo a quienes cambiaron su mañana por nuestra paz.

El recinto legislativo, usualmente vibrante por el debate político, se transformó este martes en un santuario de solemnidad. No hubo estruendo de la campana principal, ni discusiones, solo un vacío punzante que pesaba en el aire mientras los diputados de la LXV Legislatura inclinaban la cabeza.
El minuto de silencio no fue un simple protocolo, sino un puente de empatía hacia las familias de aquellos elementos de la Guardia Nacional que, tras la histórica caída de un capo, no regresaron a casa.
En ese instante, los uniformes no representaban solo fuerza pública, sino nombres, sueños truncados y el sacrificio máximo de quienes aceptaron que su última misión fuera salvaguardar la tranquilidad de un país convulso.
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Detrás del pronunciamiento oficial y las letras de molde, late la narrativa del heroísmo anónimo, pues la captura de Nemesio Oseguera Cervantes no se cuenta solo en las crónicas policiales, sino en las lágrimas contenidas de una entidad que reconoce en el valor de estos hombres y mujeres el último bastión contra el caos.
Al leerse el documento donde Tabasco agradece su “valentía y amor por México”, la política dio paso al humanismo, ya que se recordó que bajo el equipo táctico había padres, hijos y hermanos que enfrentaron la tormenta del pasado domingo para que el resto de los ciudadanos pudiera despertar en un entorno un poco más justo.
El homenaje póstumo cierra un capítulo de violencia con una nota de dignidad necesaria; pues la Guardia Nacional, pieza clave en la contención de los grupos delictivos tras el operativo nacional, recibió del Poder Legislativo Tabasqueño algo más que un reconocimiento administrativo, recibió el abrazo simbólico de un pueblo que no olvida a quienes caen en el cumplimiento del deber.





