El mercado del tamal sin nombre en Villahermosa
Villahermosa tiene secretos que no salen en los folletos turísticos, pero viven en la memoria de quienes madrugan.

Villahermosa tiene secretos que no salen en los folletos turísticos, pero viven en la memoria de quienes madrugan. Entre los callejones del Centro, cuando la ciudad todavía bosteza y la humedad se pega a la piel, aparece un pequeño punto de encuentro que no tiene letrero, registro ni horario fijo pero siempre tiene fila. Es el mercado del tamal sin nombre, un sitio que sobrevive gracias al boca a boca y al antojo mañanero tabasqueño.
Son mujeres (la mayoría de ellas) quienes llegan cargando ollas enormes, envueltas en toallas y mantas para conservar el calor. No levantan carpas, no montan mesas, no usan micrófonos. Solo se acomodan en las esquinas que ya conocen de toda la vida y ahí empieza la magia: el aroma a masa recién cocida abre el apetito incluso a quienes juraron que no desayunarían temprano.
También te pudiera interesar:
El producto estrella es el tamal de chanchamito en hoja de guineo, pequeño, firme, ligeramente picante y con ese toque ahumado que lo distingue de cualquier tamal citadino. Lo venden junto a los clásicos tabasqueños: el de masa colada envuelto en hoja de plátano, el de chipilín que nunca falla, y el de galápago que aparece solo cuando la temporada lo permite. La gente sabe bien quién trae cuál, porque aquí no existen menús: existen confianzas.

Aunque el sitio es “sin nombre”, todos saben cómo llegar. Basta seguir la hilera de motocicletas estacionadas y el murmullo de quienes se saludan como si fueran parte de una hermandad del desayuno. Taxistas, oficinistas, señores que van rumbo al mercado José María Pino Suárez, estudiantes con sueño, policías en turno… todos pasan por ahí para comprar aunque sea uno “pa’l camino”.
El encanto del mercado no radica solo en la comida, sino en su carácter casi clandestino. Nadie lo promociona, nadie lo anuncia, nadie parece querer institucionalizarlo. Pero Villahermosa lo mantiene vivo porque ahí se come bien, rápido y a precio justo. Es, quizá, el secreto más sabroso de la ciudad: un mercado sin nombre que, cada madrugada, se convierte en la parada obligada del sabor más auténtico de Tabasco.





